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La denuncia NO es tu mejor defensa


Tras las iniciativas gubernamentales presentadas contra del acoso sexual en el transporte público Equis Justicia para las Mujeres salió a la calle. Para tomar el pulso de la situación, hicimos un pequeño ejercicio en el Metro: hablamos con 30 mujeres usuarias de la Línea 1 y con algunos policías. El 100% de las mujeres entrevistadas dijeron haber sido acosadas alguna vez en el transporte público, es decir, TODAS las mujeres han sufrido algún tipo de acoso en el transporte público en DF. Y ninguna interpuso nunca una denuncia. 

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Tras la marcha contra las violencias de género 24A se hizo aún más evidente la gravedad y la dimensión de la violencia contra las mujeres en los espacios públicos. Fue evidente también nuestra indignación y hartazgo hacia la naturalización, la tolerancia y la impunidad de la violencia que sufrimos las mujeres.

El boletín de prensa del 25 de abril de la Ciudad de México anunció que se llevaría a cabo la “Estrategia 30-100 contra la violencia hacia las mujeres en el transporte y los espacios públicos”.  Equis Justicia para las Mujeres ha solicitado y está a la espera de la información oficial sobre esta  ¿cuál es el objetivo de la “estrategia” 30/100? ¿cuáles son sus fines, sus metas, acciones y presupuesto destinado? ¿cuáles son las autoridades involucradas en la estrategia? ¿sus obligaciones y protocolos de actuación?

Las entrevistas que hicimos en el metro no son un ejercicio representativo, pero sí es ilustrativo de la situación: de la gravedad del problema y los problemas que aún tenemos para dimensionarlo. El 100% de las mujeres entrevistadas dijeron haber sido acosadas alguna vez en el transporte público en DF. TODAS. Y ninguna interpuso nunca una denuncia. Además, el 98% aseguró no saber cuáles son las acciones del gobierno de la ciudad para combatir el acoso.

Silbamos ¿y luego qué?

Testimonio_POLICIASInsistimos en la necesidad de tener más información sobre estas iniciativas para asegurar que las mujeres podamos tomar decisiones informadas sobre el uso de este tipo de medidas.

Silbamos ¿y luego qué? ¿he de suponer que responderá un cuerpo de policías capacitado para intervenir de manera inmediata, siguiendo un protocolo y sin culpabilizarme de provocar el acoso?

Silbamos ¿y luego qué? ¿La gente en el metro actuará en mi defensa? ¿ha llegado (por fin) ese día en que todas las personas tenemos una comprensión del fenómeno de violencia y discriminación contra las mujeres?, ¿el día en que, ante los ojos y la percepción de la gente, no seré yo la provocadora, la zorra, la puta, la histérica, la loca, exagerada, malvada, o la lesbiana que solo quiere perjudicar a los hombres? Porque si eso no pasa, quizá el silbato, como llamada de atención, puede ser otra forma de exponer a las mujeres.

“Repartir silbatos para las mujeres” es la medida que ha generado más ruido en medios de comunicación y más polémica, una medida que provocó una cortina de humo dicotómica, silbato si o silbato no. Pero el asunto es mucho más profundo.

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Si la denuncia es mi mejor defensa, ¿ante qué autoridad debo denunciar?, ¿cuánto de mi tiempo debo destinar para interponer la denuncia?, ¿servirá para que ya no me vuelvan a acosar a mí y miles de mujeres?, ¿cuáles son las medidas de no repetición y de reparación del daño que implementarán? ¿están las estructuras institucionales preparadas presupuestaria y humanamente para responder adecuadamente a las denuncias de las mujeres? Y qué pasa con las mujeres que por cuestiones socio-culturales, de contexto, por evitar un escándalo, por miedo a la re-victimización y violencia social, por falta de tiempo, por lo que sea… no denuncian? ¿Por qué se incentiva la cultura de la denuncia en un sistema policial y de justicia que no responde a los derechos de las mujeres, que está atorado, y que no da las respuestas necesarias a las víctimas?

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Tenemos que pensar un paso más allá. Alrededor del 90% de los delitos sexuales no se denuncian , porque no hay confianza en las autoridades o el trámite se percibe cómo una pérdida de tiempo que suele acabar re victimizando a la persona agredida. El sistema penal acusatorio no está diseñado para prevenir y mucho menos para castigar los delitos sexuales cometidos contra mujeres, ni para proteger a la víctima, ni para reparar el daño. Padecemos una tasa muy alta de impunidad en cuanto a los delitos sexuales, y una respuesta inadecuada o nula por parte del sistema de justicia ante estos casos.

Necesitamos más información sobre cuál es el objetivo de estas medidas, o hacia dónde se encaminan estas acciones, o los presupuestos previstos, o las instituciones involucradas. Necesitamos diseñar políticas que respondan de manera efectiva y estratégica a los problemas reales. Necesitamos repensar estas estrategias más allá de las denuncias, frente a un sistema penal acusatorio que no sirve para prevenir y mucho menos para castigar los delitos sexuales cometidos contra mujeres.

En Equis Justicia para las Mujeres estamos a la espera de que INMUJERES proporcione la información oficial que arroje las respuestas a las preguntas que hoy nos estamos planteando.

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